Por Alejandro Sandoval Murillo, presidente de la Asociación Nacional de Abogados de Empresas (Anade)
En un año 2024 que prometió (al inicio en proyecciones) y ha cumplido conforme avanza con suficiencia, alto niveles de incertidumbre sustentando altos niveles de volatilidad en diversos indicadores, se puede prever que del martes 5 de noviembre, y con altas posibilidades de durar como mínimo hasta el 20 de enero de 2025 (toma de protesta de quien vaya a presidir EE.UU. los siguientes 4 años), viviremos en México propiamente una serie de eventos que seguramente volcarán algunos mercados, de los más sensibles, como el de tipo de cambio, bolsas de valores y algunos de deuda, al menos.
Por un lado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene cita para resolver la acción de inconstitucionalidad 164/202 y otras conforme la ponencia del Ministro Juan Luis González Alcántar Carranca respecto la reforma Constitucional judicial; y las probabilidades que de dicha resolución provenga una serie de conflictos de implementación, ciertamente es una fecha crucial en cuanto al asunto no solo de dicha reforma judicial, si no del sostenimiento o no de un orden jurídico evolutivo o involutivo.
Además, obviamente como cereza del pastel, está la elección en EE.UU., ya reconocido mediáticamente a nivel global como una fecha fundamental para conocer la tendencia de la economía global y el liderazgo de la nación presuntamente número 1 del «mundo libre» (sea lo que sea que eso signifique).
Un triunfo apretado, de quien sea, provocará una judicialización del asunto que tiene como fecha límite de resolución por la Corte Suprema de EE.UU., el 10 de diciembre. Un triunfo holgado podría disminuir ciertos elementos de incertidumbre, aunque habrá de ver quién gana.
Un triunfo de Kamala Harris, si bien acota ciertos elementos graves en el ejercicio del poder respecto México, afianza una posición complicada en términos migratorios, de seguridad y en la revisión de TMEC en 2026 (del que iniciarán negociaciones en 2025). Un triunfo de Trump, según sus promesas de campaña, podrían llevar la cosas al extremos de cancelar TMEC, expulsar a millones de personas a México y traer una cantidad de problemas, demasiado graves; probablemente no ejecute ni una parcialidad de ello, pero la incertidumbre se sostendrá en el tiempo.
Además, por su lado, el gobierno federal de México debe presentar su proyecto de Paquete Económico gubernamental el 15 de noviembre, y las instituciones financieras, y con énfasis las calificadoras de deuda, estarán atentos a señalar lo correspondiente; ese día como límite también traerá mucha volatilidad, pues un mal paquete podría debilitar datos fundamentales de la economía en el corto plazo; un paquete errático, traería y extendería volatilidad y uno bueno, seguro acotaría algunos rubros de ella.
Con menor incidencia, pero generando temas complicados en materia de costos, entre el 30 de noviembre y el 13 de diciembre, se estarían generando modificaciones laborales, desde el salario mínimo (ya previsto hacia 12% en resto País, pero con amplias dudas para la frontera norte), jornada laboral reducida, aguinaldo de 30 días, entre varias otras, que al 97% de las empresas mexicanas (las microempresas), les generaría una creciente de costos sustancial como para sostener el impulso de alza en precios al consumidor en 2025 en la parte subyacente de la inflación, tanto en mercancías como enfáticamente en ser4vicios. Ello complicará la labor del Banco de México, trayendo otros elementos de incertidumbre.
Finalmente, la implementación de las reformas constitucionales recientes, y las que faltan, en esencia se ha dicho que generan presiones inflacionarias; conforme se implementen conoceremos impactos, pero aunado a lo existente y citado aquí, el escenario 2025, no se ve del todo positivo, sobre todo cuando México durante 2024 ha tendido a desalinearse de la tendencia de crecimiento de EE.UU.
Ciertamente hoy no estamos en crisis (si es que dicho concepto existe en la teoría de la economía), ni en recesión, ni entraremos a esos momentos en el corto plazo. Pero la incertidumbre sostenida puede medrar la economía. Sin duda, vivimos tiempos complejos, si no oscuros y si no temerosos, si muy complejos.